De La Nestosa

No se ha perdido el humor en La Nestosa. "¡Vaya unas fiestas que nos ha preparado para honrar á su patrona Nuestra Señora de las Nieves!" Ni músicas, ni bailes, ni estereoscopios, ni comparsas de danzantes han faltado: y claro está que los novillos y el sermón eran de rigor; ¡pero qué novillos y qué sermón! en fin, que muchas ciudades, vamos, tienen menos programa; como que bien se merece detallarlo por partes.

El 4 del corriente, por la tarde, rompió la vida ordinaria de la villa una comparsa de hábiles danzantes, que á los aires de la banda de música, que dirige con inteligencia y amor el señor Cachón, hizo la alegría de los niños, la exaltación de las muchachas y el entusiasmo de todos; por algo se llenó inmediatamente la plaza de parejas, que no dejaron de bailar y arrullarse mutuamente con la envidia de los ancianos.

Si suponéis que antes mil voladores atronaron los aires y las clásicas dulzainas recorrieron la villa, os costará poco imaginar el aspecto de la plaza, mientras se bailó. Yo, mientras vosotros lo imagináis, quiero deleitarme en pensar en las caras de las muchachas. ¡Ay, qué muchachas! La Virgen me perdone si no eran unas verdaderas diosas de la hermosura, agilidad y encanto.

¡Pues no te digo nada del despertar del día 5, fiesta de la Patrona! La diana sugestiva puso en tensión, de mañanita, nuestros nervios, entre los reglamentarios voladores. Como por un resorte, y sin estar concertados, los vecinos engalanaron balcones y ventanas con los mejores trapitos de la casa, con lo que la villa parecía una primavera florida. A las diez, tras de la banda de música, se dirigió el Ayuntamiento en pleno á la iglesia, donde sacerdotes voluntarios y verdaderamente amantes de la música religiosa, cantaron magistralmente la misa, y el orador insigne, Fray Alberto de los Bueis, agustino, desarrolló tesis y cuestiones palpitantes con la complacencia de todos. Acabada la misa, el pueblo en masa paseó á su Patrona por las calles en una procesión ordenada, entre los acordes de la música y el fragor de mil voladores, naturalmente. Pero lo clásico de la fiesta fue la novillada. El Chico del imparcial debió decir para su coleta:-¡Novillos á mí! ¡Si soy más matador que Fuentes!.

Y tenía razón el chico: los novillos eran verdaderos toros, según querían; pero de dos estocadas monumentales, rodaron las fieras ante el arresto é inteligencia del hombre.

¡Vaya unos redaños, Fernandito! Y con qué ojazos te miraban las alegres y elegantes muchachas de los palcos y balcones, y con que sinceridad te aplaudían. A veces da gana de ser torero.

Tras el espléndido desfile, al baile, donde la banda, las dos comparsas de dulzainas, y otras muchas de guitarristas, no dejaron en paz á muchachas y chicos; á las nueve se quemó una fantástica colección de fuegos artificiales, en la que sobresalió la figura de un toro que despedía fuego en todas direcciones y que dio los primeros sustos y carreras, pues fue arrebatado por un chusco y arremetió á los curiosos y cándidos muchachos de la plaza.

La comisión de Festejos, comprendiendo que el salón de fiestas sería pequeño, preparó el salón escuela, donde á las diez, las señoritas lucieron toilettes elegantes, y fueron obsequiadas finalmente por el sexo fuerte, durando hasta las dos de la mañana.

El 6 fue copia del anterior día, con la diferencia que después de la misa se jugó un interesante partido de bolos, pues se atravesó mucha mosca, y terminó con la esplendidez de los vencedores de renunciar al premio estipulado, en beneficio del pueblo, y hábilmente reñido; y, por la tarde, hubo emocionante corrida de novillos de muerte, á cargo de los aficionados Gallo, Alonso, Fernández, Eguía y Viota, del pueblo, dirigidos por el diestro Valentín, y en la que rompió el desfile el inteligente ginete, Jesús Ruiz-Ocejo, montando una briosa y pujante yegua, en la que probó su fama. Este día el baile se verificó en el amplio dalón de doña Micaela López, generosamente cedido á las juventudes aritocráticas del pueblo y sus limítrofes. Si espléndido fue el aspecto de salón-escuela el día 5, fue una noche sin estrellas ante el fragor del baile del día 6. ¿Cómo enumerar las bellas que asaltaron el salón? No por falta de descuido, ni menos por la de memoria, sino porque no se puede mirar el sol mucho tiempo cara á cara sin cerrar los ojos; perdóneseme si omito alguna. Allí vi: Aurora Echevarría, Lolita y Antonia Socasa, Rosita Matute, Mercedes y Conchita López, Angeles, Paquita, Isabel y Eloísa Ortiz, Mercedes, Victoriana y Milagros Sainz, Carmita y María Gallo, Carolina Ortiz, Manolita y Jesusa García Martínez, Presentación y María Gil, Carmen Brena, Joaquina López, Olimpia, Julia, María y Conchita Martínez, Adela Mier, María Arístegui, María Maza, Panchita Cubillas, Ignacia Martínez y Juanita Molano; todas ellas lo más selecto de la villa y sus contornos. A su vez pude ver á las distinguidas y respetables señoras Micaela López y hermana, Martínez de Mier, López de Socasa, viuda de Matute, viuda de Martínez, Matute de Ocejo, Gallo de Ortiz, Ortiz de Martínez y otras muchas más, á la par que un sinnúmero de jóvenes del sexo fuerte que hicieron robar parte de la felicidad de los habitantes del cielo.

Perdone lector, si soy extenso; se trata de un pueblo que quiero, á la par del mío; y ¿qué harías tú si no hubieras visto el tuyo en muchos años y al volver á él le encomtraras como yo, más grande, más animado y con más muchachas capaces de enloquecer á un santo? La Nestosa querida: cuantas veces torné á tí, que te encuentre más prospera, más animada, más progresiva y más feliz; y así, que en todos los climas tus hijos te recuerden con cariño.

V. Gómez.

El Cantábrico - Diario de la mañana - Año XII - Número 4444 - 10 de Agosto de 1907.

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