2001. Lanestosa. Arka de Noé. La Abacería que sobrevivió más de una centuria

el . Publicado en Crónica del siglo XX

ARKA DE NOÉ

Su origen se remonta a 1864, cuando Doña Margarita decidió establecer a su familia en una casona de la calle Real de Lanestosa, el punto más céntrico de la Villa, y abrir en su parte inferior un colmado que abastecería a la población local. En la actualidad el negocio es regentado por Paco biznieto de aquella emprendedora y laboriosa mujer.
LA ABACERÍA QUE SOBREVIVIÓ MÁS DE UNA CENTURIA
El Arka de Noé, la última abacería de Lanestosa, ha sobrevivido a cuatro generaciones de una misma familia. La responsable de su apertura fue Margarita, pero de eso hace ya 141 años, ahora, el colmado más antiguo de toda la comarca es regentado por su biznieto Paco, un nestosano que hace casi 30 años relevó a sus padres Dámaso y Purificación. Los primeros “baceros”, como así es conocida la familia en el pueblo, bautizaron el comercio con el nombre de Arka de Noé: encontramos unos documentos de la época firmados por mi bisabuela en los que ella escribía el nombre con “K”, así que lo hemos conservado así”, dice Paco.
Sus dependencias ocupan los bajos de una gran casa de piedra ubicada en la zona peatonal de Lanestosa, hecho que la ha convertido desde siempre en una de las abacerías más espaciosas de la comarca, aunque no por ello sobrada de sitio para almacenar los cientos de productos que se venden en su interior. La puerta de entrada anuncia algunos de ellos, todos comestibles, pero cuando se cruza el dintel, la mirada se dirige irremediablemente al techo, de donde penden docenas de cencerros y otras herramientas para el campo, el ganado o la construcción, útiles de cocina, sombreros, y cómo no, las cazuelas esmaltadas que atraen a compradores de todo el contorno “porque ya no se encuentra tan fácil” matiza Paco. Y es que entre tanto género de consumo, perfectamente clasificado y controlado por “el bacero”, conviven sigilosamente los aperos utilizados por generaciones pasadas con los mecanismos impuestos por los nuevos tiempos.
Su céntrica disposición dentro del pueblo y un interior espacioso convirtieron enseguida al Arka de Noé en un punto de tertulia y reunión entre los vecinos de la localidad. Aunque en la actualidad aún conserva este hábito, Paco lamenta que la población de Lanestosa se haya reducido tanto y por consiguiente la abacería carezca del ambiente de antaño.
MINEROS E INDIANOS
La época dorada de los abaceros del pueblo sobrevino con la llegada de numerosos trabajadores procedentes de Galicia, Portugal o Coria del Río (Sevilla) para emplearse en las minas de plomo y calamina de la localidad. Fue entre las décadas 20 y 60 del siglo pasado, el período en el Purificación, Dámaso y su abuela vendieron más candiles que nunca. “Los utilizaban para iluminar el interior de las minas y las cabañas donde vivían, en sustitución de la antigua lámpara de acetileno”, recuerda el matrimonio de veteranos “baceros”, que añade que la piedra de carburo para prenderlos llegaba hasta el colmado en bidones.
También la llegada de los indianos durante el verano requiriendo una amplia servidumbre se apreciaba ostensiblemente en los negocios de abarrotería nestosanos. “Los señores empleaban mucho servicio; sirvientas, jardineros, chóferes…, así que la población aumentaba y el gasto de los colmados también”. Algo similar a lo que ocurre actualmente en la época estival, cuando Lanestosa recibe a numerosos veraneantes, en su mayoría de origen nestosano, que regresan a la Villa para disfrutar del tiempo de ocio. “Entonces, concluye Paco, la abacería está mucho más concurrida, tanto para comprar alimentos y otros objetos como para beber algo mientras se charla, así que mi madre vuelve a ponerse detrás del mostrador y me ayuda.

 

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