Parte indiferente - Gacetilla de la capital. En la mañana de anteayer 13 del corriente fué conducido al Campo Santo de fuera de la puerta de Toledo, con acompañamiento de los artistas más notables de la capital y otros personajes, el cadáver del jóven pintor D. Francisco Sainz. Este distinguido artista era natural de Lanestosa, en la provincia de Santander, desde su edad más remprana, dedicado con pasión al dibujo, había dado muestras de una originalidad poco común, precursora al parecer de un estilo grandioso y nuevo. Desarrollado bajo la escelente dirección del sabio Nestor de nuestra moderna escuela artística, el señor José Madrazo, en la clase del colorido y composición de la real Academia de San Fernando, entró el año 1848 en el concurso de oposiciones al premio de Roma, y por la brillantez de sus ejercicios mereció se crease para él una tercera pensión estraordinaria agregada a las dos de reglamento, que ganaron los jóvenes D. Bernardino Montañés y D. Luis de Madrazo.

El Heraldo Madrid. 1842. 156-1853-208El Heraldo, Madrid 15 de Junio de 1853Siguiendo en Roma el sistema naturalista que la índole peculiar de su genio le había hecho abrazar desde el principio de su carrera, produjo bellos estudios que justamente llamaron la atención de los inteligentes en las esposiciones de las obras de los pensionados celebradas por la referida Academia. Los profesores de esta distinguida corporación, y el público ilustrado, veían con no poca satisfacción que los tres jóvenes alumnos que en los días azarosos de la revolución de____ mantenían el honor de las tradiciones artísticas de España en la ciudad eterna, avanzaban a pasos agigantados hacia la ruta señalada por los grandes maestros, y que cada cual con entera independencia revestía su carácter especial y lograba el objeto del arte por distinto camino. Sainz se prendaba de los efectos; desdeñaba en cierto modo todo lo minucioso, aunque fuese esencial; dibujaba con valentía y grandiosidad, derramaba la luz y las sombras á grandes masas; últimamente, parecía que ejecutaba de un golpe lo que concebía de primera intención, y por el contrario se dejaba seducir de tal manera por la impresión última, que creyendo siempre la idea posterior preferible a la primera, multiplicaba sus correcciones sin medida. Estudiaba á su modo, y veía la naturaleza y las obras de los grandes maestros á su manera también. Pensador, sin ser taciturno, observador sin alarde de perspicacia, sincero y jovial como un niño, leal y lleno de abnegación como pocos hombres, modelo de amigos y simpático á los mismos que contra él abrigaban en tierra estraña prevenciones de rivalidad ó de patria, seguía impávido su camino hacia un objeto que él sin duda entre veía, y que los demás no han acertado á vislumbrar claramente. ¿Quién es el artista de genio que no tiene su misteriosa estrella? Sáinz indudablemente tenía la suya, y hubiera despuntado al cabo con alguna propiedad peculiar que le diese gran renombre... Pero una enfermedad penosa le detuvo en su carrera cuando, después de engrandecido con los estudios hechos en Pompeya el círculo de sus ideas, se preparaba á concluir su cuadro de la Destrucción de Sagunto...Y por último, cuando ya restablecido de su mal, lleno de fé y de entusiasmo se disponía á terminar esa misma obra en Paris, donde iba á invertir el año final de su pensión, le atajó los pasos de la muerte, burladora de los designios del hombre, derribándole en la _____ á impulsos de larga y terrible afección cerebral en la madrugada del día 12 del actual, a los treinta años de su vida!

Verán con pesar su muerte todos los que saben rendir culto al arte, y lo llorarán largo tiempo sus compañeros, los pensionados en Roma, entre los cuales le tenía resevado Dios al que había de recoger su postrer suspiro. Ahí no sabía el malogrado Sáinz que una de aquellas manos que con la suya noblemente emulaban en el manejo del pincel, y tal vez en el jubiloso cambiar de los brindis durante los sencillos fratenales ágapes artísticos de los Cervera, iba á ser la que piadosamente cerrase sus párpados á la luz!

Antes de su viaje a Roma ya era ventajosamente conocido D. Francisco Sainz por la gracia con que pintaba sus cuadros de costumbres populares de pequeñas dimensiones. En Italia se ennobleció su estilo, y aseguran los que han visto su comenzado cuadro de la Destrucción de Sagunto, que en esta obra se había elevado hasta la esfera de lo sublime si hubiese podido terminarla de una manera correspondiente á lo que dejó trazado en ella. Hablan con singular elogio de algunos de sus grupos y figuras, de un soldado que conduce en sus hombres á una jóven muerta, de un sacerdote que yace sin vida tendido en una escalinata, de varios otros episodios de aquella tremenda escena, ejecutados con gran maestría.

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1853. EL DISTINGUIDO Y MALOGRADO ARTISTA D. FRANCISCO SAINZ, DE CUYA MUERTE HEMOS DADO YA CONOCIMIENTO A NUESTROS LECTORES, ERA NATURAL DE LANESTOSA.