NECROLOGÍA.- De Lanestosa (Vizcaya) nos escribe nuestro corresponsal lo siguiente:

En la madrugada del día 6 del corriente ha fallecido en esta Villa el jóven liberal don Antonio Fernández de la Hoz, después de una larga y penosa enfermedad. Como si la dolencia que le ha hecho sucumbir no fuese bastante á su amargura, precedióle en la tumba su adorada esposa, cuya funesta impresión agravó sus padecimientos físicos.

Desciende al sepulcro á los 29 años de edad, dejando sumida en profunda y desgarradora aflicción á su familia y en eterno desconsuelo á sus contristados amigos. 

Alcalde constitucional de esta Villa en 1843, por motivos, cuya revelación no cumple al tono de este artículo, tuvo lugar en ella un injustificable pronunciamiento que á los desacordados impulsos de la fuerza arrancó de las puras manos de Fernández la vara de la justicia. Empero antes de entregar ésta al influjo de la primera revolución, en su clase, que han presenciado estas breñas, sostúvose con dignidad y con tesón en las caballerosas y firmes comunicaciones que dirigió á la justa instalada aquí con aquel motivo por su propia virtud y la gracia de algunas bayonetas. En ellas decía el pundoroso caballero, el valeroso alcalde, el entusiasta Fernández, "yo también defiendo é idolátro á mi querida Reina, yo también adoro con frenesí la Constitución de 1837, yo he empuñado en la corte el honroso fusil de la patria por tan caros objetos, y el ayuntamiento que presido, abunda á la vez en las mismas ideas; pero yo he recibido mi investidura de manos del pueblo, al pueblo quiero consultar en este caso y sólo al pueblo entregaré la autoridad que me ha confiado. Mañana será convocado con este objeto, por no permitirlo en este momento las horas altas de la noche" Todo fué inútil, y esta conducta le valió un arresto, cuyo sentimiento devoró en silencio la mayoría del vecindario.

¡Descanse en paz, patriota esclarecido! Tus relevantes prendas como virtuoso hijo, como tierno esposo y cariñoso hermano te elevan hasta el Cielo. Tus deseos se cifraban tan sólo en el dichoso porvenir de tu Patria. Pues bien: ese último suspiro que has dirigido á ella desde la mansión del dolor, ha encontrado edificante eco en el corazón de tus amigos. Se cumplirán tus votos, infortunado jóven. Sobre tu tumba, que acaban de humedecer nuestras copiosas lágrimas, juramos secundar tus ideas libres, humanitarias y filantrópicas, para que desde el seno de la eterna bondad, donde descansas, contemples algún día á la España tan feliz como merece serlo.

El Clamor pblico. 12-11-1846-339El Clamor Público, Madrid 12 de Noviembre de 1846.