Un anciano vecino de Ampuero venía de Lanestosa en donde había pasado algunos días, llegó á la venta que llamamos de la Pared y salieron á recibirle los carabineros que estaban de punto en dicho sitio; el saludo fué preguntarle si llevaba alguna cosa contra la renta real, á lo que el anciano contestó negativamente.-Lleva Vd. tabaco? Le dijo uno de los carabineros.- Si señor, llevo un poco... y con la mayor buena fe del mundo mostró el viajero una cajita, como las que se usan para rapé, en la que había un poco de tabaco virginia picado, que no llegaba á ser media onza.- Queda Vd. detenido, dice el carabinero al ver el tabaco.- ¿Por qué me ha de detener Vd., criatura de Dios? repuso el anciano, si esto no es motivo para detener a nadie... yo vengo de Lanestosa donde he pasado algunos días, en dicho punto se concluyó el tabaco que á la ida compré en el estanco de Ampuero, y como no puedo pasar sin el vicio del cigarro, me he visto en la precisión de comprar media onza de lo que Vd. vé; es contrabando, no tengo duda ¿más debe Vd. hacerme cargos por ello, cuando no hay un estanco en lo que llevo andado de camino?.-

Queda Vd. detenido, repitió el carabinero, hasta que dé parte al oficial. Criatura, exclamó el anciano, tenga Vd. la bondad de permitirme continúe hoy mi marcha; llevo conmigo poca prisa y deseo llegar cuanto antes á donde me dirijo... y déjeme Vd. en paz y en gracia de Dios. Alguna personas se agruparon en derredor de los sectores formando circulo, y en su rostro parecía leerse el disgusto que les causara la representación de esta escena de arbitrariedad. Algunos momentos después se dirigían hacia este pueblo, el anciano, la niña y el carabinero; este los condujo á casa del oficial, y según nos refirió el mismo anciano, se le quiso castigar con una multa, pero que arrepentido el mismo gefe de la ligereza con que había sentenciado, resolvió fuese sólo un cuarterón. Vean Vds. el despotismo con que se detiene y conduce á un pobre viejo por esos caminos del diablo, vean Vds. de qué modo nos quieren hacer comprar los cigarrillos á la artesanía y de que modo tan sencillo se les dá salida!. Para qué pagamos un ejército de carabineros? Para hacer tales aprehensiones y para chocar con todo el mundo. Más valiera que el tiempo que pasan en registrar bolsillos, lo pasaran en registrar baúles y maletas, y persiguiendo cuadrillas de pasiegos contrabandistas, que nos vienen á nuestras mismas casas ofreciendo tabaco á ocho reales libra. ¿Dónde viene este tabaco, en los bolsillos o en las bolsonas que cogen muchas libras?.

(Corresponsal del Clamor Público).

El Clamor Público Madrid, 22 de Agosto de 1846.

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