ROMERÍA. - De La Nestosa (Vizcaya) nos escriben el 9: La detonación de alguno que otro mal cohete, obra sin duda de un simple aficionado, que se dejó oír en esta villa la noche del martes 4 que corre, anunció pobremente la ponderada romería de Nuestra Señora de las Nieves que iba á solemnizarse al siguiente día. Amaneció el 5 tan sereno, risueño y apacible como todos deseaban, sin que la sensible falta de la corrida acostumbrada de novillos evitase que la función ofreciera un cuadro inesperado de más interés y animación que nunca. Los valles inmediatos se despoblaron en su más lúcida y bella parte, y una numerosa concurrencia de ambos sexos hacía de la tristísima Plaza de la Constitución un sorprendente teatro de júbilo, entusiasmo, elegancia y brillantez.

Entre las infinitas hermosas que adornaban los balcones de aquella con sus encantos personales y sus esmeradas y lujosas galas, descollaba, cual palma, una linda castreña de diez y seis abriles, de mirada lánguida, sentimental y penetrante, y de leve, esbelta á airosísima cintura, que colocada en el de un ángulo de la plaza, atraía sobre su continente seductor y sus negros y gachones ojos los de sus amarelados admiradores. Siguióse el baile público de tamboril en la tarde y noche de tan fausto día, brillando en él y confundiéndose en amable consorcio las severas carranzanas, las saladas y festivas montañesas y las sombrías y tétricas sobanas con las gracias, amables y finísimas madrileñas que habían abandonado los baños por enaltecer la romería y las no menos encantadoras nestosanas. En medio de este pacífico regocijo, de estas tiernas escenas de gozo y alegría, y de que no hay memoria de que una sola vez se haya alterado el órden ni turbado con el más pequeño desmán la paz de aquellas fiestas, veiase con doloroso asombro por los pundonorosos nestosanos entrar y salir frecuentemente en casa de este señor alcalde al sargento de la guardia civil de Ramales, y á cuatro celosos individuos de tan preclara institución recorrer la bulliciosa plaza en que se conspiraba con los brazos y piernas contra el tedio, la inacción, el disgusto y el mal humor. A las once de la noche habíanse entregado en los brazos de Morfeo, en uso de su proverbial quietud, natural sosiego y habitual recogimiento, no habiendo disfrutado de aquel placer los indicados guardias hasta las dos ó tres de la mañana del 6 en que se retiraron á descansar de sus fatigas.

En la noche del 6 que también se celebra en esta villa, se improvisó un concurrido baile en una casa particular, á que asistieron lindas forasteras y las interesantes ninfas de este pueblo, tocándose por algunos aficionados la sonora guitarra, la melodiosa flauta y la dulcísima bandurria.

El Clamor público, Madrid, 13 de Agosto de 1846.

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